Estrellita ¿dónde estás? Las leónidas desde el condado de Durham


Esa noche, 13.6 billiones de años después de su formación, ahí me encontraba, parada en medio de los Peninos del Norte mirándola atónita. Nuestra galaxia, la Vía láctea, me saludaba como suele hacerlo, engalanada.
 La primera vez que tuve la fortuna de encontrarla fue más bien por casualidad, alzando la mirada al regresar de una caminata por las montañas rocallosas en Jasper, Canadá. Me había entrado impactante, por los ojos. Yo había querido devorarla con la mirada, pero el resto de mi cuerpo me suplicaba entrar al hostal porque afuera helaba.
La segunda vez que la vi, en el estado de Hidalgo, México, estaba en compañía de mis amigas, huyendo de la “policía migratoria” en una representación de la caminata y los peligros por los que los migrantes que quieren cruzar a Estados Unidos de manera “ilegal” pasan. La galaxia era clara y brillante, pero estábamos “corriendo por nuestras vidas”, así que nuestro encuentro tuvo que ser breve.
Esta vez no era 100% casualidad, había planeado que nuestra tercera cita fuera definitiva, quería profesarle mi adoración toda la noche. Porque esa noche iba a ser una gran noche, el día de máxima visibilidad de las Leónidas, la lluvia de meteoros. 
Lo que sí fue suerte, casualidad o destino fue que me encontrara en UK, ya que el hemisferio norte sería la mejor locación para observar la lluvia de meteoros; que el clima para esa noche no estuviese nublado, cuando toda la semana había sido gris; y especialmente, que contara con un alma amiga tan interesada como yo en mirar el cielo y que esa persona conociera los mejores lugares “oscuros” –jajaja- cerca de Newcastle, además de tener unos padres a los que pedirles el auto prestado para pasar una noche a campo abierto, contemplando las estrellas.

Mi cámara es muy viejita y muy básica, así que por más que leí e hice pruebas, la calidad de las imágenes que puedo tomar con ella tiene un límite. Lo siento porque no puedo compartirles la magia total de ver 4 “estrellas fugaces” –meteoros- caer una después de otra en menos de un minuto. No puedo describir ni remotamente la belleza de los miles de titilantes puntitos fijos, de la nube de leche derramada por el cielo, de luces volando continuamente a lo ancho de la oscuridad.

No es mucho, pero lo que pude hacer se los comparto :)
El horizonte iluminado por la luz de la ciudad, aún estando a una hora de distancia de ella, en medio de las "montañas".

En esta fotito se ve clarita, clarita uno de los meteoros :D

Un poco más tenue pero aquí se pueden ver dos

uno?

Y aquí esta mi fantasma. La foto comenzó a tomarse antes de que yo decidiera aparecer en ella. La mancha blanca a la izquierda es el rastro de un avión. Las tres líneas a la derecha (vamos, hagan un esfuerzo y lograrán verlas), son meteoros! :)

En la mayoría de las fotografías no logré capturar ninguna estrella fugaz -por algo son fugaces, no?-, pero la vía láctea seguía pavoneándose ante nosotros.



Los miembros de la expedición con la luz de la ciudad iluminándonos. El cúmulo de puntitos de abajo, a la derecha y arriba de mi cabeza, son las pléyades (sino me equivoco).



A pesar de estar en verano, la noche era fría -no insoportable-, y el hecho de contar con un auto nunca fue más oportuno.

Mientras mi ligeramente más cansado y menos entusiasta compañero dormía, yo salí de vez en cuando durante la madrugada a vigilar el cielo. 

Inglaterra seguía siendo Inglaterra, y las nubes llegaron en algún momento, cubriendo con su blancura próxima, aquella que se encuentra a millones de años luz. Tomé una última foto del cielo estrellado, y me refugié en el auto, que estaba bien acondicionado con cobijas y almohadas, para convertirse en mi hotel de un millón de estrellas.


Me desperté con la primera luz,


Dichosa de poder observar otro regalo celeste:


El amanecer como pocas veces lo he visto, desde el principio.


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Una vez que el sol se había asomado por completo en el horizonte, no tuvimos más remedio que partir. Era un día entre semana y yo debía ir al laboratorio.


Aunque a lo largo del camino, el paisaje seguía dándonos razones para prolongar la visita.



Hola neblina bañada por los rayos del sol!




Hola día de trigo y luz dorada.


Hola magia floral y neblinosa.


Hola belleza! Gracias por regalarme una noche y un día sensacionales.


Había que seguir el camino, quién sabe que maravillas se encontrarían a la vuelta de la esquina.


Los quiere, mis estrellas fugaces

Pris

PD Ahora mismo me preparo para el siguiente evento celestial, quién no quiere saludar a la luna de sangre? ;)

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