Milán, ciudad de ángeles
¿Quiénes son los que necesitan milagros? ¿Las personas con una vida, sino resuelta, más o menos tranquila, más o menos feliz o aquellos en estado de shock, aquellos que se sienten perdidos, aquellos en desesperación?
Cuando uno
inicia un viaje, lo único –casi- seguro es que llegará del lugar “A” al lugar “B”.
Lo que pase en “A”, el trayecto entre los puntos, y “B”, eso es una lotería ¿No
es esa ligera incertidumbre parte del encanto de viajar?
Pero
planteemos una situación, digamos por ejemplo, que en otra dimensión, ustedes
van a viajar a uno de los países que siempre han querido conocer, no van de
vacaciones, sino a su primer congreso científico internacional. Están un poco
aterrorizados porque saben que estarán solos, pero también están emocionados,
ciencia e Italia, ¿qué podría salir mal? Sí, su situación sentimental no es la
ideal, pero con un poco de tiempo, paciencia, amor y suerte, podría mejorar,
porque cuando las cosas cambian, siempre son para mejor ¿no?
Es un día
lluvioso –¿de qué otra forma podría haber sido?-, pero están alegres, les ha
tocado el asiento al lado de la ventanilla del avión. Toman una fotografía,
quieren compartirla y anunciar que se dirigen a una tierra más amable. Con una
energía contagiosa aprovechan de su última oportunidad para conectarse a Internet
antes de que el avión despegue, publican su foto y reciben un mensaje. Tiempo
de decir adiós a la red.
La lucecita
sigue parpadeando, es SU mensaje. Parece que han comenzado el viaje con el pie
derecho.
Leen y su
corazón que palpitaba velozmente, se detiene. Su respiración se detiene. –Disculpa
niña que está sentada a mí lado, puedes voltear hacia otro lado, no quiero que
veas como me deshago. Disculpe señorita aeromoza, quizás deba detener el avión,
no estoy segura de querer viajar, es más, no sé si es seguro que yo esté en
este avión, creo que voy a explotar.- Porque están en shock. Porque por
ridículo y exagerado que parezca, cinco líneas escritas en un email los han
hecho pedazos.
El cinturón
de seguridad, la niña sentada a su lado, todas las personas contenidas en el
avión mantienen esos pedacitos juntos. De pronto la ventana no ofrece ninguna
vista, sólo una dirección hacia la cual perder la mirada. De pronto nada tiene
sentido. De pronto alguien escribió su vida sin consultarles. De pronto han
sido despedidos del cuento del que se creían protagonistas, irremplazables.
De pronto se dan cuenta de que son adultos. No, no lágrimas, no gritos de
angustia, no abrazos consoladores, ni siquiera los suyos propios, la adultez
les niega el derecho a hacerse bolita en lugares públicos.
A cambio,
un nudo en la garganta, una máscara y dos horas en el asiento de un avión.
Acaban de emprender un viaje que ya no quieren hacer. Aunque en realidad, en el
fin del mundo, de su mundo, lo mismo daría hacer cualquier otra cosa.
Cuando uno no respira, le toma más de dos horas encontrar el camino al hostal. Porque ya saben, el cerebro necesita oxígeno para funcionar, pero créanme, no quieren que funcione. Están en automático.
Pero lo encuentran, y ya saben, cuando algo sale mal, todo sale mal. El hostal es horrible y pasarán 6 noches ahí. Whoa!
La verdad es que desde el lugar oscuro en el que están refugiados, ese desde el que controlan los movimientos de su cuerpo, un pie tras otro pie, en el que se reducen a la mínima expresión de conciencia, no se les ha ocurrido pedir un milagro, una luz. A la oscuridad le gusta estar a ciegas.
No es necesario, acostado en una de camas de su habitación para 9 personas, el comienzo del milagro ya los estaba esperando.
Esta es Isabel, la única persona en la habitación, la primera mexicana con la que me topo casual en un viaje. Ella acababa de regresar de explorar la ciudad. Yo que debí haber tenido expresión de zombie, no tardé ni un segundo en contarle a grandes rasgos mi desgracia cuando me preguntó qué me pasaba. Acto seguido, se volvió a calzar los tennis y salimos a pasear.
Era muy extraño, dentro de mí, quería estar sola, quería llorar, quería hundirme. Pero ahí estaba Isabel, con su sonrisa, sus chistes y sus historias. Entonces yo tuve que pretender, debía corresponder con mi sonrisa, mis chistes y mis historias.
Dicen que de tanto fingir, las cosas pueden ser reales, y lo cierto es que hubieron momentos en que mi sonrisa fue auténtica. Como aquí:
Isabel tuvo a bien hacerme notar lo particularmente guapos que son los policías milaneses. Ella quería una fotografía de ellos, pero le daba pena. Yo que al parecer aún en la miseria me aguanto bien la vergüenza, le pedí la foto, sino al más guapo, sí al más sonriente de un grupo de policías que vigilaban la plaza central.
Y como entre mujeres nos entendemos, Isa no dudó un segundo en tomarme gustosa fotos saltando o en cualquier otra pose que yo quisiera. Obviamente yo hice lo mismo. Rogar había dejado de ser necesario para que mi compañía me tomase una foto. ¿Rogar? jajaja ahora me parece tan absurdo la clase de circunstancias a las que uno se acostumbra.
Contemplando a Leonardo. El gran genio, vivió en Milán por muchos años, pues ahí residía su mecenas, uno de los duches de Sforza. Y creánlo o no, el hecho de que da Vinci hubiese pisado esa misma tierra me hacía sentir avergonzada, ahí estaba yo lamentándome por un corazón destrozado, cuando uno de los hombres más asombrosos del universo habían caminado por ahí con pensamientos y sentimientos más elevados.
Para ponerme a la altura, sino de Leonardo, sí de mi fortuna de estar en una de sus ciudades, me regalé un gelatto. Que por supuesto, hizo su magia.
Las cosas más simples siempre guardan su encanto. Comer es más inherente al hombre que amar. Es más primitivo, sí, pero por eso mismo es un refugio al que uno siempre puede acudir. Evidentemente no promuevo comer sin control -aunque a veces lo haga- como terapia y soy una gran detractora de la normalización y justificación de la obesidad y sobre peso -por que no es sano, principalmente para el que las padece!-. Peeero, también es cierto que una de mis mayores fuentes de felicidad y placer -sí, leyeron bien, jajajaja- está en la comida. ¿Porqué iba a negarme ese gusto?
Desafortunadamente, ese era el último día de Isabel en la ciudad. Salió con al alba del hostal y yo me quedé con tiempo para pensar.
La mitad de ese día la tuve que pasar sola, hasta la tarde, en la que la inauguración del Congreso ocurriría.
Y es que quizás la Microbiología era una de las pocas cosas que no estaban "invadidas" por mi modus operandi de "nosotros". La Microbiología era y seguía siendo mi reino, sin asociaciones y sin recuerdos peligrosos. Bella y pura como siempre.
Entonces, mi carrera que siempre ha sido parte del milagro de mi existencia, me llevó a conocerlo a él:
Yaxal, mi tercer ángel mexicano en Milán. -El segundo apareció sólo por una noche en el hostal y creo que ni nuestros nombres nos dijimos, pero pasamos algunas horas riendo intensamente, así que en mi definición, entra en la categoría de ángel-.
Yaxal era el único participante que asistía desde México, de nada más y nada menos que de mi alma mater, la gloriosa UNAM. Así que además de su invaluable compañía, el ángel Yaxal me traía recuerdos de mi país, de mis años de universitaria, en las que una vez más, yo era yo, y no "nosotros".
Él fue también un par de oídos comprensivos sin comentarios, ni opiniones. Sólo una sonrisa en la que se veía compasión.
Juntos recorrimos un poco del centro, con un cielo más benévolo del que me había tocado experimentar los primeros días.
-Un montón de gatos, que son considerados huéspedes distinguidos del lugar (no, no bromeo)-
Otra sonrisa real en un espejo de agua.
Un reflejo casi sublime. La foto no lo captura, pero la luz dorada hacía que partículas en el aire y en el agua color menta, parecieran como neblina a mitad de un día soleado. Muy extraño y muy poético.
Yaxal, Silvia y yo. A Silvia la miré durante el almuerzo el día anterior a Navigli, miraba en todas direcciones mientras comía sola, y creí que tal vez se sentía solita. Entoces con un gesto de la mano la invité a unirse a Pedro -un brasileño que no aparece en esta entrada, pero eventualmente lo hará- y a mí.
Ella es alemana, y después de conocerla, dudo que se sintiera sola, pero definitivamente es una chica un poco tímida al principio. Fue una gran decisión haberle llamado, ella y yo nos llevamos muy bien durante todos esos días, y siempre es bueno contar con una amiga.
Aquí todos felices, después de embutirnos como cerditos. Dios, que rico era todo!
Durante todos los días hablé con gente divertida, interesante y procuré hacer todas las preguntas posibles a los muchos buenos investigadores que me encontré. Todos fueron muy amables, generosos e inclusive hubo una doctora que me invitó a su laboratorio a hacer una estancia -deprimida, deprimida, pero mi cerebro aún funcionaba al parecer-. Sin embargo, el siguiente ángel no era uno nuevo, fue uno que meses atrás había estado a mi lado durante la primer -y hasta hace poco me entere "única"- ruptura de mi relación.
Naty había venido a Milán con su grupo de investigación de Brasil, y aunque la había visto durante todos estos días, realmente no habíamos tenido oportunidad de pasar un tiempo juntas, sino hasta el final. Hablamos de nuestros dramas, nos ofendimos en nombre de la otra, nos escuchamos, nos consolamos y nos reímos.
-Lo siento por la repetición, pero el Duomo -la catedral-, es lo más bonito en la ciudad-
En algún punto vi este dibujo en la calle. Tal vez tenga razón, la suma de corazones hace un corazón sonriente. Lo que tal vez no está escrito, es que nadie dijo que la fórmula mágica es 1+1, quizás son 1+1+1+1+1 o más, o infinito. Yo llegué a Milán sintiendo 0.
Al final no sólo volví a contar al mío, como el primero, como el único necesario. Sino que además, puede sumar varios más. Mi suma dio números positivos.
Esa semana tuve que ser fuerte, tuve que seguir moviéndome, tuve que vivir y ha sido ese movimiento, sumado a más corazones, el que me ha ayudado no sólo a seguir, sino a tomar una nueva ruta. Por que al final de cuentas, hay muchos caminos y quizás todos en realidad lleven a Roma..., quizás no.
Durante mis días en Milán quise desaparecer, pero los ángeles me seguían encontrando, y lo siguen haciendo.
Gracias por bendecir mi vida con su presencia, mis angelitos
Los ama
Pris

























Pris eres una persona maravillosa que nunca va a estar realmente absolutamente sola, por que el destino siempre pondrá ángeles en tu camino disfrazados de personas que te dirán justo lo que necesitas en los momentos más sombríos, pero aparte de la gran bendición que eso, siempre podrás contar con la suma de otros corazones que están esperando por ti más allá del mar, al otro lado del mundo, pero siempre con un rinconcito reservado solo para ti ;)
ResponderBorrarGisi, la verdad es que soy muy afortunada. Sabes, al principio no podia creer mi mala suerte, o tal vez había sido karma o algo, cómo las cosas pueden resultar tan trágicas de un día para otro?. Pero ahora pienso que de hecho, aunque aún es algo que hubiese preferido que no pasara, quizás fue de la major manera posible. Realmente no he tenido oportunidad de deprimirme como la vez pasada, y de hecho creo que no va a pasar. Estoy muy bien, y tienes razón, hay muchos corazones por todos lados, jajaja. Simplemente soy muy afortunada. Te quiero Gisi, mucho.
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