Hallstatt, un cuento sobre la belleza y una (pre)historia conservada en sal

Érase una vez, una tierra muy, muy lejana. Se trataba de una región de altas montañas nevadas y grandes lagos transparentes. La dificultad de su terreno, la hacían no sólo bastante inaccesible, sino en opinión de algunos, también inhabitable...

Y sin embargo, la vida floreció en una pequeña orilla en uno de estos grandes lagos. Los humanos no sólo habían logrado llegar hasta aquel lugar remoto, sino que habían hecho de él su hogar.

Pero  no me mal interpreten, este no es un cuento de hadas, es una versión digerida de la pre-historia. Un mini relato sobre un tiempo que ocurrió a finales de la edad de bronce y a principios de la edad de hierro: una época Hallstatt.

***

Érase otra vez, un pueblito muy hermoso, reconocido inclusive como el pueblo más bello a orillas de un lago en todo el mundo. No era raro encontrarse con fotografías de este idílico lugar en las guías de viaje y rondando por el internet. Tal era su belleza, que una nación oriental, lejana a la tierra del pueblito, decidió que un lugar tan cautivador bien valía la pena ser copiado, y entonces inició la construcción de una réplica del pueblito al lado del lago.

Pero no me mal interpreten, esta no es una historia de ficción, es un relato sobre una ciudad tan hermosa en la alta Austria, que tiene su pequeña -y no muy justa- replica en China. No, no bromeo.

***

Seguro que una vida más vieja que la historia, y que aún en la actualidad es digna de imitarse no necesita ninguna justificación más para ser fascinante. 

Así que sin más, les presento a la viejita, a la joven, a la eterna:

Bienvenidos a Hallstatt!



La accesibilidad al pueblo sigue siendo limitada, al llegar por tren desde Graz, esperamos unos minutos en la orilla opuesta a que un botecito nos llevara al pequeño cúmulo de casitas que nos saludaban a través del lago, por entre la blancura de la nieve y la niebla.


Tomamos el bote y el sentimiento de irrealidad si hizo aún más fuerte. Era como en la mitología o los cuentos en los que uno debía esperar al barquero para que lo llevara a su destino. La mayor parte de la tripulación eran personas asiáticas, lo que entendería más adelante.

Nada más bajando del bote y después de unos minutos de admiración con la boca abierta, quise fotografiar. Dicen que las cosas sobre naturales salen de manera inusual en las fotografías...


La prueba había sido pasada: Hallstatt era real, era posible tanta belleza.


No sé si llamarla ciudad, pueblito, o cúmulo de casitas, es que su tamaño es tan pequeño. Las casas se encuentran encaramadas a pie de la montaña, como las cabras montesas que se sujetan cómodamente con sus pesuñas; frente a ellas, el Hallstätter sea se abría como un espejo plateado, apenas ondulado por el viento. 


Cuando finalmente asimilamos un poco la realidad de un lugar así, quisimos caminarlo de cabo a rabo. Cosa que no lleva más de media hora, sin prisa. Dos cosas mundanas llamaron mí atención: inclusive a esas distancias el café clásico de Viena estaba disponible. Y otra: el turismo tiene un objetivo tan específico, que la publicidad para tomarse una foto con ropa típica retrata a una chica oriental y además de en alemán, está escrito en ideogramas. Y sí, aunque no muchísimos, la mayoría de los turistas que encontramos eran de ojos rasgados.


En nuestra caminata, encontramos que los habitantes del lugar aprecian los detalles, 


Y que esos pequeños adornos en su sencillez, combinan a la perfección con la grandeza imponente de la naturaleza que los hospeda. 



La plaza principal es como todo, de adorable tamaño miniatura. Y como en todas las ciudades austriacas, está coronada por un monumento con motivo religioso.


El paseo por la calle principal tiene mucho que ofrecer. Es una exhibición del esfuerzo de la raza humana por declarar su presencia estética en un lugar donde los humanos son más bien insignificantes. 





Esta es la imagen icónica de Hallstatt 



Subimos la base de la montaña siguiendo las casas, encontrando a cada momento más despliegues de belleza


Inclusive el cementerio parece un lugar idílico.


¿Quién no quería reposar eternamente con semejante vista?



Aunque dicen que es tan pequeño, que cada tanto, los restos deben ser exhumados y son colocados en algún otro sitio para dar cabida a los nuevos huéspedes.


Subimos más allá de las casas, hasta donde el camino lleno de nieve y el tiempo, nos lo permitió. Por momentos caían copitos de nieve aunque el cielo se despejaba. Estaba embelesada. y me sentía tan llena del universo, que dejé de pensar que buscando la primavera, seguía encontrando nieve. Estaba agradecida, la nieve me regalaba una de las vistas más bonitas que jamás tuve.


Ya quedaba claro que aquí la naturaleza aquí derrochaba su talento, y cómo no coronarlo con cisnes sobre el espejo que había dejado su color plateado, para convertirse en una ventana cristalina. 


Es evidente lo que atrae a la gente a visitar Hallstatt, pero antes, mucho antes, en el origen, cuando todo era pristino, cuando el mundo entero era una acuarela de diversidad y grandeza naturales, el hombre de la edad de bronce decidía establecerse en una región inspirado por su belleza?


La respuesta es simple: no.

Entonces, qué hace que elijas permanecer entre montañas escarpadas, sin mucho terreno plano en el que poder construir, en una región con un clima de extremos? 

El secreto está en el interior de la montaña misma. Su corazón está hecho de sal. 

En la antigüedad, era con sal que los alimentos se preservaban, y hasta hoy en día, no hay mucho que el hombre pueda hacer sin alimentos. Tal vez no parezca impresionante, pero esa pequeña substancia con la que aderezamos nuestras comidas, era de tanto valor que fue la responsable de que aquella comunidad de hombres de la edad de bronce iniciara la primera mina de sal de la que se sabe, y a través de su comercio e intercambio, aquellas personas no sólo sobrevivieron, sino que florecieron y pasaron a la edad de hierro. Fue tanto el impacto de la sal en la vida humana -con la capacidad de preservar comida, ya no era necesario estar en continuo movimiento tras la caza-, que ese periodo de la prehistoria se conoce hoy en día como "Periodo Hallstatt". 

Un dato que también me pareció sorprendente: fue en esta zona donde el mayor y más grande establecimiento de la cultura celta jamás existió. Sí, no Inglaterra, no Irlanda, no España... fueron las montañas austriacas las que dieron mejor refugio a los celtas...

Y hoy en día siguen dando cobijo a criaturas extraordinarias




Estoy pasando por un momento difícil en mi vida. Una etapa de gran reto en mi carrera y de problemas personales. Por eso me he tardado tanto en escribir, pero lo sigo haciendo porque cuando veo estas imágenes, cuando recuerdo lo que he vivido, ahora al hablar de Hallstatt y sentirme parte de una raza antigua, una que se aceptaba sus circunstancias y se adaptaba a su ambiente, una que contrario a las probabilidades hizo de lo adverso su fuerza, una que encontró un tesoro en lo que estaba disponible, una que no se dio por vencida, entonces sé que yo también podré. Que la vida es como uno la ve, como uno decide vivirla.


Los quiere,

Pris

Comentarios

  1. Te quiero sis, y bueno la vida esta creada de momentos y cada momento tiene su tiempo y espacio y a veces no comprendemos las razones pero veras que en algún momento (valga la redundancia )lo harás. te amoooo, increibles fotos mi pequeña cisne :P

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    1. Gracias Blanquis, esta vez me estoy enfocando en todo las presencias y no en las ausencias y aunque triste, me siento mejor que antes. Cada dolor nos hace más fuertes. Te quiero y como nunca anhelo verlas :)

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  2. realmente hermoso ... gracias por descubir cosas tan hermosas y compartirlas... provoca quedarse alli a vivir por siempre !

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    1. Hey, gracias! tu comentario es muy motivador! mi ánimo va en altas y bajas, no estoy segura en dónde ando ahora, pero me hiciste sonreír.

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