Ser como niños en Salzburg


Hice una amiga, una muy pequeña. En mi tren de Innsbruck a Salzburg la familia sentada frente a mí tenía la fortuna de tener una chiquilla muy inquieta entre sus integrantes. Una que no dejaba de voltear sobre su asiento para mirarme y saludarme. Hallo! -Hallo! fue lo único que mi nulo alemán me permitió responderle. Varios minutos después sus papás tal vez necesitando un respiro, la dejaron andar libre por el pasillo del tren. Su primer objetivo: el asiento junto a mí.

Se sentó y me sonrió. Murmuró alguna cosa en alemán y yo sólo le sonreí. Alguien de su familia le dijo algo, que yo interpreté -imaginé- como "ella no habla alemán". La niña comenzó a señalar cosas y decir su nombre, incapaz de repetirlo, yo le respondía con la versión en español -¿quién era realmente la niña ahí?. Ella reprodujo cada palabra a la perfección "zapato" y "conejo", sus favoritas. Inclusive se levantó del asiento y corrió hacia su papá y lo llamó "conejo", "conejo", jajajaja, el señor no la dejo regresar a mi lado, jajajaja. 

Aunque mis pensamientos se quedaron en la magia -potencialidad- que tienen los niños. 


Con dos horas de retraso por el mal clima, pero ahí estaba yo. En la ciudad que hace muuchos años (en 1756) vio nacer a un niño, uno que hoy es recordado como "el genio de Salzburg". Y el elogio es corto después de que uno conoce un poco sobre la historia de Mozart.


Cuentan que a los 4 años ya era un prodigio con el piano y el violín y que a los 8 ya escribía sus propias composiciones. Es bien sabido que hay niños "genio", que simplemente sobrepasan a la mayoría de las personas. Pero yo me preguntaba, si los adultos fuesen capaces de conocer realmente a los niños, si pudiesen ver cuales son sus más tempranos intereses, inclinaciones, fortalezas (no sé como llamarlo), y las apoyaran, las inspiraran, las alentaran, no tendrían todos los niños el potencial de ser llamados "genios" (en diferentes áreas, en todas las áreas)?


El papá de Mozart era un músico, que aunque no sobresalió como interprete, su fama como profesor era grande, y ese talento se vio reflejado en la educación musical que dio a sus dos hijos: Wolfgang y su hermana Nannerl.

Uno podría preguntarse qué era mayor ¿el deseo de los niños por aprender música o el del padre por que lo hicieran? Le di vueltas al asunto, y la verdad es que no creo que haya una respuesta fácil. Si bien la información genética nos brinda muchas de nuestras características, los niños más bien aprenden de su entorno. Y si si su papá era músico, es probable que los niños realmente se sintiesen atraídos por esa profesión. Es una relación que se alimenta en ambos sentidos (creo).


***
El clima era lluvioso, pero me sentía muy inspirada a caminar por las callecitas de Salzburg, me recordaba a la ciudad que frecuentemente visitábamos durante las vacaciones cuando era niña, mi ciudad favorita en México (Guanajuato). Pero además de un recuerdo, era un lugar nuevo, uno que gritaba "misterio" con cada piedrita de sus calles.

Para no variar, busqué el punto más alto, jajaja, en realidad no hay que buscarlo, salta a la vista, la Festung Hohensalzburg o castillo-fortaleza Hohensalzburg saluda desde sus más de 500 m de altura a cualquier visitante. Y es que claro, si fueras un príncipe-arzobispo* seguro querrías ser el primero en saber quién se acerca hacia tu castillo de sal (Salzburg viene del latín "Salis burgium" que literal, significa "castillo de sal", haciendo referencia a que toda esta región de Austria es muy rica en este recurso).

*Príncipe-arzobispo de Salzburg: dícese de los gobernantes de Salzburg después de la caída del imperio romano y hasta principios del siglo XIX. Igual, qué significa? que eran príncipes, pero como antes Salzburg no era parte de Austria, sino un territorio "independiente" y parte de los mini-estados del Sacro Imperio Romano Germánico, pues su gobernante también era miembro de la iglesia. Dos por uno.

Aunque la entrada era muy cara, y como la respuesta fue negativa cuando pregunté por un descuento para estudiantes, decidí que podía vivir sin entrar. A fin de cuentas, mis horas en Salzburg se agotaban.



Aunque se puede tomar un teleférico, e inclusive si no se quiere entrar al castillo, recomiendo muchísimo recorrer la subida hacia este a pie, a cambio, la ciudad ofrece vistas maravillosas.



Seguí caminando por las calles llenas de pequeños detalles.


 Salzburg parecía querer decirme algo con su arquitectura barroca, con sus túneles, con su ubicación.



-Deliciosos pretzels dulces, salados y hasta "picantes" vendidos por un hombre que en sus palabras "anduvo de mochilero por dos meses en México y comió pozole (lo que sin duda le da credibilidad a su historia ;) -.

Me puse a buscar a ciegas el susurro cuando creí saber qué era: La casa de Mozart, por supuesto!
Pase frente a ella "n" veces antes de reconocerla, y al ver la fila enorme de visitantes, supe que también tendría que dejarla ir.


Aunque claro, no podía irme sin poner mis pies en su interior, y dado que la parte de abajo hoy es un mini super Sparo, pues compré un té y voilà! había hecho mi peregrinación a la casa de mi compositor de música clásica favorito.
-Oh la falta de glamour!, ver el perfil de Mozart al lado de las toallitas sanitarias nos recuerda la decadencia del tiempo presente, jajaja-



-Como en muchas ciudades Europeas, un puente del amor no puede faltar. Lo que nunca había observado antes (muy probablemente por falta de atención), son candados con nombres en lenguas del medio oriente, por alguna razón, eso me hizo sonreír mucho. El amor es universal-.


En mi camino de regreso a la estación de trenes, llegué -casi por error- al palacio de Mirabell (que también fue de un príncipe-arzobispo), y sorpresivamente tuve la oportunidad de caminar prácticamente sola por sus jardines.

-La gente llegó justo cuando tomaba la foto, que era también el final de mi recorrido-




Quise ser Presidenta de México (aún no entiendo el porqué). Doctora, de guerra y sólo de guerra (culpen a todas las películas de guerra que vi al lado de mi papá). Cazadora de cocodrilos (como Steve Irwin q.e.p.d.) o cualquier otra persona trabajando en Animal Planet (con todo y que estar en contacto directo con animales me da miedo). Arqueóloga (hola adicta a la mitología griega!). Científica.

Lo que Salzburg me había estado susurrando iba más allá de su belleza, de su historia y de su hijo predilecto, de su genio. Lo que me había hecho recordar durante las 4h en el tren rumbo a mi próximo destino, es que yo era una de las personas afortunadas que de hecho estaba cumpliendo sus sueños de la infancia. Que mi profesión era mi pasión, y que aunque nunca llegue a ser una "Mozart de la ciencia", tal vez deba poner mis ojos no en el genio inmortal, sino en el niño que practicaba todos los días, que sentía curiosidad, que escuchaba, que estudiaba, que ponía su alma en lo que hacía. Algo me dice que el objetivo de Mozart no era la fama en sí, sino la creación de aquello que amaba. 

Y entonces me acordé de un pasaje de la biblia (calma, calma, no estoy tratando de predicar nada, jajaja) "Sed como niños". No sabía nada más. Busqué en google y la Biblia en realidad dice: "y dijo (Jesús): En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos." 

Y me hizo todo el sentido del mundo, de pronto me pregunté si en una forma más bien filosófica, uno no puede verlo realmente así: si uno viviese con la curiosidad, la inocencia, la energía, la fuerza, la alegría de un niño, su vida diaria sería en sí el paraíso,  el único reino de los cielos al que con seguridad tenemos acceso. Espero no haber ofendido a nadie con mi "interpretación" obviamente ignorante, pero eso sí, muy sentida...

Me estoy tardando mucho en escribir el blog, lo siento, pero estos días he estado muy enfocada en mi doctorado... 

Los ama como una niña,

Pris


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