Un día en Innsbruck, donde aprendí a dar al mal tiempo buena cara...

...y es que no había de otra, pero no nos adelantemos.

Antes de comenzar en forma las vacaciones de Semana Santa, el trayecto ya conocido me esperaba. Abandonar Inglaterra no sería fácil: ver el día pasar a bordo del Megabús desde las 14:00 (7-8h) llegar a Victoria coach station para tomar otro bus (aprox. 2h) y buscar una silla con apoyo para los pies en la zona de espera. Dormir o pretender que duermes y despertar al día siguiente para tu vuelo a las 7:00h.

No importaba, el día había llegado. Ah, pero antes la guardia de seguridad quiso quedarse con tu crema corporal de The Body shop (sólida y por lo tanto siempre antes permitida por cualquier otro guardia) Y hacerte tirar algo de tu bolsita transparente con artículos de cuidado personal un poco muy llena, pero dentro de los límites. Controlé la llamita de furia que quería encenderse. Estaba a punto de abordar un avión, y por primera vez me había permitido el lujo de pagar por el asiento de la ventana.

Entonces vi cuando 1)salimos de Inglaterra, 2) entramos a Europa continental, 3)las nubes lo cubrían todo y después de 30 minutos de retraso del aterrizaje del vuelo, 4) Innsbruck.

¿Me salté un número? No. ¿Me quedé dormida? Luché por no hacerlo. ¿Ví los Alpes? NO

Pagué esas 4 libras de más porque mi vuelo sería temprano y porque sabía que el paisaje no podía ser menos que espectacular. Jamás pensé en el mal tiempo. Pero esperen, hay más. Al ver por la ventana la nieve me saludó.

Yo había revisado el pronóstico del tiempo, y el reporte era más bien esperanzador, recuerdo el dibujo del solecito. En cambio un día gris, me daba la bienvenida.

Llegar al centro de Innsbruck desde el aeropuerto es muy sencillo y barato (no más de 3e) en un autobús local. Pregunté en información turística como llegar a mi hostel y el señor muy amable y en un inglés mejor que el mío me dio las instrucciones. Todo parecía sencillo.


Bajé en la calle de arriba -es importante, porque la pasé n veces antes de saber el camino- y pregunté a un chico en la parada del tram por el lugar. Me dio las indicaciones que creí seguir. Creí, porque después de media hora caminando me quedaba claro que algo iba mal. Cargaba mi mochila, empezó a llover y después a nevar. No había nadie en la calle y no podía utilizar los datos de mi celular, tampoco detectaba alguna señal de WiFi. 

Yo soy uno de esos seres que viven apasionadamente -por usar un eufemismo-. Soy la criatura más alegre, canto y salto -lo juro- cuando estoy de buenas, pero de malas, de malas encarno la furia.

Todo, desde el día anterior se había acumulado ¿estaba fúrica? No.
Honesta y verdaderamente, no.

Me empecé a reír. Estaba muy perdida y estaba completamente sola y me caía nieve. ¿Qué imagen más ridícula debía representar?! Era una escena de película, una para sentir pena, pero como yo era la única espectadora, a mí me causó gracia. 

Encontré a un viejito que no hablaba inglés, pero que a su vez encontró a un chico que sí lo hacía. Lo malo es que ninguno sabía nada sobre el hostal. Comencé a caminar de regreso. Le pregunté a un par de constructores y a una señora. Nadie sabía nada. Aunque se suponía que el lugar no quedaba lejos.

Tal vez tendría que regresar al centro. En la calle de la foto encontré a una chica paseado a su perro. Tampoco sabía nada, pero no dudó en buscarlo en su celular. Por supuesto, el lugar estaba sobre esa misma calle. Decidió que caminaría conmigo hasta que estuviésemos seguras de que ese era el lugar indicado y después se despidió. Tanta bondad!

Aún no podía hacer el check in, así que dejé mis cosas y seguí el único consejo del señor de la oficina de turismo: visitar el lugar del salto de los juegos olímpicos de invierno. Según él, el único lugar en la ciudad desde donde, en ese día nublado, tendría una vista de la ciudad.

-En una competencia anual, esquiadores profesionales "saltan" en sus esquíes desde esa estructura alta en el horizonte (Bergisel Sprungschanze Stadion)-.

 El camino fue un poquito largo, pero me topé con varias cosas lindas. Sobre todo me dio tiempo para reflexionar.


-La vista desde el camino de subida hacia el estadio-

"Reflexión" en óptica (según Wikipedia), es un "fenómeno por el cual un rayo de luz que incide sobre una superficie es reflejado". Por eso elegí esa palabra. Estaba genuinamente sorprendida conmigo misma. Estaba mirándome bajo la luz de los eventos recientes y también bajo la del pasado. Contemplaba mi reflejo sin encontrar lo que buscaba: ¿dónde estaba mi reacción predecible? ¿dónde estaba mi enojo?
-Eso sí tengo que aceptar, soy pésima tomando selfies. Mejor, le hago un bien al mundo, ya hay muchas de esas-.

 Entonces lo supe, mi enojo, mi mal humor son "lujos" que no me puedo dar cuando viajo sola. No pude evitar reír, jajaja.


Pues claro! pero si no soy tonta, ¿quién estaba ahí para consentirme, para darme la razón contra la guardia que se quedó con mi crema, para decirme que necesitaba dormir, para preguntarme cómo me sentía, para buscar la dirección por mí, para compartir la preocupación, para escuchar mis quejas y lamentos, para soportar que levantara la voz y que actuara de forma desesperada, quién iba a aguantar esos comentarios groseros y a veces hirientes que se me dan tan bien cuando ando de malas? Yo, sólo estaba yo. Y mi paciencia no da para tanto, jajaja.

-sólo para el récord, entrar al estadio me costó 8e con descuento para estudiantes, estaba nevando, estaba nublado y la vista no me pareció espectacular. De haberlo sabido, no lo hubiese pagado. Lo que sí que vale la pena es el camino hacia el estadio, hay varios puntos con vistas mejores, como los de las fotos de abajo, y son gratis!-.


Quizás les parezca obvio, pero para mí fue toda una revelación. Alguna vez mi super amiga y psicóloga de cabecera, Blanquis, me dijo -acertadamente- que tengo "baja tolerancia a la frustración". En otras palabras, que no me gusta que las cosas no salgan como las planeo. Y yo les pregunto, ¿QUÉ en este día había salido según el plan? Permítanme responder: NADA!

Y yo estaba bien. Muy bien de hecho. Entonces tuve que reconocer que por más que me "gusta" decir que tengo mal carácter, la verdad es que eso, como todo, depende. Y al parecer, de la compañía -casualmente aparece con la gente a la que más quiero-. 

Tenía que aceptar que quizás muchas veces mis rabietas son más bien innecesarias, inclusive forzadas -por mí-, tal vez en busca de atención, empatía, compasión, o como simple capricho... esta es una puerta que me alegra haber encontrado, pero que aún debo explorar.

Mi buen humor tenía además otra ventaja, quizás más "justificada" a luz de la evolución: la simpatía -y muchas veces, ayuda- de extraños.


Me tomaron fotografías, me dieron instrucciones, me ayudaron a leer el mapa y a comprar los tickets del tram. Me sonrieron. Mi sonrisa ganó muchas sonrisas de vuelta.



-El centro de la ciudad es muy pequeñito. Entre sus grandes atracciones se encuentra el "techo de oro", que no es de oro, pero da el gatazo ;)-.



 -A mí lo que más me gustó fue caminar por sus calles pequeñas y enredadas que al final siempre daban a los mismos lugares-.

No había nadie para consentirme, más que yo misma, ¿por qué no hacerlo? Entré a la tienda de Swarovski, para observar y con la intención de comprar algo sólo si verdaderamente me gustaba Y era muuuy barato.

Para ser franca, nunca he estado muy interesada en las joyas, no en las caras de todas formas. Y no soy muy fanática de los brillantes, en realidad las cosas con brillitos generalmente me repelen. Pero esta no sería una "joya" cualquiera. Sería además un auténtico souvenir. Y es que Swarovski es una marca austriaca, de hecho fue fundada en Tyrol, la provincia de la que Innsbruck es capital, en un pueblito (Wattens) muuuy cercano. 


Aunque como siempre, lo que estaba dentro de mi nulo presupuesto no me gustaba y lo que me gustaba era excesivamente caro. Iba de salida cuando los encontré!: un par de aretitos muy sencillos cada uno un cristal obscuro y nada más, por 13e ( ya sé, eso aún es caro para alguien con los fondos de una estudiante, pero no miento cuando digo que ese era el precio más bajo en toda la tienda y real, realmente me encantaron). Estaba hecho, adiós comida en un restaurante, hola sandwich en una de las panaderías típicas del lugar.


Me senté frente a la ventana a comer. Me sentía muy relajada, un sentimiento raro para mí estando sola en un país desconocido-. Comí con calma, como suelo hacer -a menos que coma sola- y tomé mi té mientras observaba a la gente pasar. Un hombre se sentó a mi lado y me sonrió, le devolví la sonrisa. Dijo algo en alemán. Le dije que no hablaba alemán. No sé que entendió, pero me respondió en inglés: "sí, sí hablo alemán", "soy yo la que no lo hace". Nos reímos y después de conversar unos minutos me fui. Aún hoy me pregunto porqué alguien pensaría que YO hablo alemán, en una ciudad que aunque pequeña, estaba bastante llena de turistas. Lo único que se me ocurre es la calma. Tal vez la calma con la que andaba hacía pensar que estaba en mi ambiente.


El cielo se despejó ligeramente y fui hacia el río, donde encontré la vista más bonita que, a mi gusto, tuve de Innsbruck.



Las montañas austriacas finalmente habían decidido saludarme, y que agradecida les estuve!




No mucho más tarde de las 5 de la tarde, los establecimientos comenzaron a cerrar. La ciudad, inclusive la plaza frente al techo dorado, quedaban vacías.



Por última vez ese día, me perdí en la búsqueda de la estación del tram.



Esta vez lo había hecho a propósito. Perdida parecía encontrar muchas cosas.


Sonriente, los quiere su ogra favorita,

Pris

Comentarios

  1. Jajaja bien dice por ahí, si quieres conocerte mejor viaja sola jajajaja, así que estas viendo los beneficios de eso. Espero algún día ser tan valiente como tu y viajar yo solita jajaja. Por otro lado supongo que depende de las situaciones y que además has crecido sis, digo tu ambiente, tu mundo todo se modifico y tu tenias que hacerlo. Felicidades por disfrutar aun los inconvenientes del camino. Te amooo

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  2. admiro tu valor pero más que por el hecho de atreverte a viajar sola, por hacerlo a mirar dentro de ti misma, y encontrar que esas cosas que a veces damos por "ciertas" quizá no lo sean tanto, tqm ;)

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  3. Ambas cosas siguen siendo aterradoras, viajar sola y conocerme. Pero al mismo tiempo me ayudan a crecer. El otro día se me apareció esta frase: "Cuando dejo ir lo que soy, me convierto en lo que podría ser." Lao Tzu. Y creo que eso es algo para aprender, a no auto-definirnos... bueno, o algo así ,) las quiero!

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