Planeta Islandia: La tierra blanca

¿Que a qué estoy jugando? En la entrada anterior Islandia era una tierra obscura, negra. Y hoy inicio llamándola tierra blanca. Bueno, les prometo que si hay alguien jugando aquí, esa no soy yo. Es ese planeta. Pero antes permítanme una breve introducción:

No fue la peor noche de mi vida, dormir en una cama llena de "bed bugs" asesinos cuando tienes hipersensibilidad a la picadura de insectos en un hostal remoto en medio de las Rocky Mountains, puede ser considerado como la peor noche de tu vida. Pero esta estuvo cerca.

Ya lo he dicho, tengo el sueño ligero, y al parecer éste simplemente no se presenta dentro de una 4x4 con temperaturas bajo cero. Paolo despertó en algún momento y a falta de aurora decidió que continuaríamos un poco más con el camino del día siguiente para que el motor de la camioneta no se congelara. Sí, tomamos camino en medio de la noche.

Rose y Naty dormían, ¿cómo rayos lo hacían? escapa mis capacidades. Yo sentía el cansancio, pero era mi deber moral mantener la plática con Paolo, que también amenazaba con caer dormido, el problema es que no había sitio para detenerse. En un acto de esfuerzo sobrehumano -créanme, yo lo vi cabecear! y estábamos en la carretera toda resbalosa-, llegamos a la siguiente área habitada. Encontramos un estacionamiento, y tras apagar el auto, Paolo cayó dormido. Cuando creía que la noche no podía ser más incómoda, las ganas más absolutas de hacer pipí se apoderaron de mí. Era todo lo que ocupaba mi mente -jajajaja, me río ahora, pero cómo sufrí!-. Por un tiempo que me pareció eterno me dije que podía aguantar. Eran las 4 de la mañana. La gasolinería -con baños adentro-, la abrían a las 9. ¿Qué tanto eran 5 horas?

15 minutos después, tuve que despertarlos. No había practicado suficiente durante el camino de Adriano? Claro que ahora tendría que hacerlo a obscuras y a una temperatura de -6°C. Era eso o mi vegija explotaría. Salí del auto determinada y me dirigí a una montañita de nieve que debieron acumular tras limpiar el camino. ¿Frío? No me inmuté. Regresé feliz -no exagero, es muuuy gracioso como algo tan simple puede hacerte taaaan feliz- al auto y desperté a las 9 de la mañana siguiente observando como la nieve terminaba de cubrir las ventanas de la nave.

¿Cuál es mi problema? para qué le dedico el inicio de una entrada a hacer pipí! jajajaja. Es sólo una anécdota, y también me recuerda las pequeñas cosas que damos por sentadas, de cómo las aventuras también involucran incomodidad y cómo generalmente los detalles hacen una enorme diferencia. Cuando uno quiere vivir experiencias inolvidables tiene que ser consiente de que como todo, tienen dos caras. 

Tomamos algo caliente en la gasolinería, y pasamos alrededor de 2 horas en su interior. La noche había dejados estragos en todos. Estaba bien, la luz iluminó el día hasta las 11am, sólo para revelar blancura. 

No hay mucho que decir, dejaré que las imágenes tomen la palabra, porque a mí este tramo del trayecto me había dejado muda.

-Mi desayuno viajero, recuerden esta imagen, porque más tarde me sirvió como prueba de mi existencia-


Parches de árboles que se aferran a la vida

Cascadas congeladas en su caída


Ríos mitad líquidos, mitad sólidos

La cámara detecta más detalles que mi vista. Lo que yo veía aquí era blanco absoluto. 

¿Habíamos muerto? ¿Mi vejiga había de hecho explotado?

Nadie -al menos no existe evidencia científica al respecto- ha muerto y regresado para decirnos si hay algo más, y cómo es que ese "algo más" luce. Yo creo que las películas han dejado su impresión en mí, y de alguna forma cuando pienso en el "más allá" sólo pienso en un blanco infinito -vaya falta de imaginación la mía-. Bueno, pues sin alejarse de mi idea, el paisaje no ofrecía nada más. El camino de asfalto estaba totalmente cubierto de nieve, el cielo, el piso, todo era blanco. Fue estremecedor.




Los días anteriores habían sido ya de por sí muy inusuales, pero en realidad la idea de "Planeta Islandia", de estar en algún lugar que no pertenecía a mi mundo, no me llegó sino hasta este momento. Y ya que había desayunado, que tontería, pero el recuerdo de la comida fue lo que me aseguró que no había muerto, entonces debía estar en otro planeta. Lógico ¿no? ;)



De pronto, señales de vida -aunque, ¿cómo sabemos que no hay casas en el más allá?-.




Hasta que el cielo se despejó un poco, dejando entre ver que aún conservaba su separación con la tierra.


Supongo que esa muestra de azul y blanco sólo era la carta de presentación de lo que venía...

Vivita y coleando, los quiere

Pris

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