Planeta Islandia: El origen

La niebla envolviéndolo todo, una cortina tan densa que lo hacía imaginar a uno en el interior de una nube, una que se movía como todas las nubes: con voluntad propia. Una blancura impenetrable, inclusive quizás para la luz de las estrellas. Y sin estrellas, ¿cómo podía un marinero encontrar su camino? No quedaba más que adivinar y pedir que el favor de los dioses los condujese a su destino.

Los dioses parecían no haber escuchado las plegarias. Una ruta equivocada y la blancura que los cobijó a través del mar se materializó en forma de hielo, en nieve que lo cubría todo. La muerte parecía sonreírles, seductora, pero, ¿quién es uno para creerse conocedor de su propio destino?, si habrían de morir sería como los de su raza: luchando. A fin de cuentas, su pueblo había nacido del frío y en el frío, su sangre contenía el impulso vital de generaciones librando la misma batalla, una contra la inclemencia del clima… 

Dejaron Noruega buscando puerto en las islas Faroe, completamente perdidos, encontraron Islandia. Sobrevivieron el invierno y el blanco fue reemplazado por verde, por ríos y cascadas. No sólo era una tierra habitable, una joya se revelaba. Pero para el hombre acostumbrado a saquear, el hallazgo de una joya, también representaba la aparición de potenciales ladrones.

Otra exploración los llevó a Groelandia, una tierra de hielo sólido y permanente (recordemos claro que el calentamiento global y la contaminación no ocurrían, y el hielo en Groelandia no se estaba derritiendo como ahora!). 

El ingenio y la astucia les dio la respuesta, intercambiarían las identidades entre el paraíso y la tierra yerma. Fue así como Islandia se convirtió en la Tierra de Hielo (en inglés Iceland, ice= hielo, land= tierra) y Groelandia, en la Tierra Verde (en inglés Greenland, Green= verde, land= ya les dije), cada una siendo en realidad lo opuesto a su nombre. Y también fue así como muchos murieron, sufriendo un invierno inclemente en Groelandia, creyendo que la nueva isla de verdes colinas y montañas que cantaban en cascadas los esperaba.

El tesoro se mantuvo a salvo por un tiempo, sin habitantes permanentes, hasta que el noruego Ingólfur Arnarson, zarpando la costa, arrojó por la borda dos grandes pilares de madera, proclamando que donde quiera que los encontrara, ahí se establecería...

Nuestra llegada a Reykjavik no fue tan espectacular, ningún pilar habría cabido en el equipaje de cabina que Easy Jet te permite llevar a bordo, de cualquier forma no es que uno pueda lanzar objetos desde el interior del avión.

Ok, NUESTRA llegada no fue espectacular, pero la primera impresión que tuvimos desde las alturas lo fue.

Al parecer, no aterrizábamos, alunizábamos. Caminos de luz reflejados en la blancura de la nieve, y nada más. Serpientes  luminosas en un mar de leche. De pronto aparecía, un pequeño cúmulo de civilización a la distancia. Debía ser Reykjavik, una colmena de lucecitas rodeadas de oscuridad.




Salimos del avión y el frío y la nieve nos dieron la bienvenida. Hace cuatro años que no los sentía de esta forma. Para Natalia -aka Naty, mi mejor amiga en el Laboratorio- era la primera vez.

Un par de autobuses después, estábamos en el hostal. Nos registramos y salimos a explorar un poco la ciudad, que en medio de la noche a nuestros ojos, no era sino un pequeño pueblo. Decidimos regresar y planear lo que haríamos en un viaje fruto de la casualidad y los desórdenes del corazón.

Afortunadamente vimos que el día siguiente (domingo) habría un tour gratis por la ciudad. Ni tardas ni perezosas -miento, definitivamente perezosas- salimos a la búsqueda de Marteinn y su "City Walk tour". A pesar de lo sencillo de las instrucciones, nos perdimos y llegamos 5 min tarde a la cita.

Marteinn, que estudió historia, nos relató con pelos y señales los fascinantes periodos del desarrollo de este país -más bien planeta-. De el pasado y del presente. De como su crisis económica permitió que los viajeros pudieran explorar la antes -y aún, para ser franca- carísima isla. Y cómo es que con una serie de protestas pacíficas que incluían cucharazos en ollas de cocina lograron un cambio de gobierno. Del país con mayor igualdad de género, y que ha sido el único gobernado por una mujer abiertamente lesbiana. De como un comediante -de profesión, en serio- fue el alcalde de la capital y es aún amado por los pobladores... ¿ya me van creyendo que este lugar no es de esta Tierra?


Marteinn modelando junto al primer gobernador de Islandia independiente -antes de la segunda guerra mundial pertenecía al reino de Dinamarca-


También compartió datos bizarros, como este ingenioso invento: un guante para sostener la cerveza sin morir de frío, jajajaja!

El recorrido nos llevó por toda clase de esculturas, desde Palas Atenea afuera de la preparatoria del centro de la ciudad, hasta la estatua del "burócrata anónimo" jajaja, en realidad no sé como se llama, pero sí está dedicada a los trabajadores del estado, que son personas comunes y corrientes, que uno no conoce, pero que ayudan a todos los ciudadanos.

Ingólfur Arnarson, vigilando su ciudad desde la cima de una colina de nieve.


Finalizamos el recorrido en el lago congelado de la ciudad.

Es intrigante cómo estas aves parecen no inmutarse del frío.

Gracias al tour mañanero ocurrieron y/o aprendimos varias cosas:

1. Conocimos los famosos hot dogs islandeses, que les juró, son los hot dogs más deliciosos en EL UNIVERSO! La salchicha está hecha con carne de res, cerdo y cordero, y la salsa es de una composición misteriosa, pero es perfecta. Se me hace agua a la boca sólo de recordarlos!
Dato curioso, este localito callejero es según los locales, el mejor lugar de hot dogs en el país, y debe serlo, pues presumen una fotografía de Bill Clinton jambandose un hot dog en una visita que hizo.

2. Supimos que el mercadito de pulgas sólo abre los fines de semana, y tuvimos oportunidad de mezclarnos con los locales y tuvimos la oportunidad de tomar muestras gratis de pescado crudo -no, nada que ver con el hot dog-.


3. Que el suelo se convierte en pista de patinaje y hay que andar con pies de plomo sino se quiere deslizar por las calles con el trasero tocando el piso.


4. Que a los islandeses de hecho les gusta el hielo, y lo plasmaron en  uno de las salas de música más impresionantes (Harpa), hecha con cristales. Y claro, que se sienten orgullosos de las maravillas naturales que ocurren en su planeta, y reflejaron la aurora boreal en los juegos de colores que vibran en el recinto.


Mar y montañas al alcance de la mano. Que derroche de belleza!

5. Que el viento realmente te puede llevar.


6. Y lo más importante aún: que un par de Costarisenses maravillosos compartieron el tour y el hostal con nosotras. Habíamos formado a:

Pao (Paolo) y Rose (Rosaura), los ticos adorados. Naty (Natalia) y yo (Pris), una colombiana y una mexicana estudiantes de doctorado y viajeras de hueso colorado.

Para nuestra exploración Islandesa. Busques donde busques la recomendación es la misma: la mejor forma de recorrer el país es rentando un auto. No sólo es más barato que pagar por los tours individuales -que hay muuuchas opciones, así que lo del carro no es estrictamente necesario, no se me desanimen-, sino que te da la libertad de decidir cómo inviertes tu tiempo. Créanme, cada cinco minutos hay algo genial que ver, así que es padre poder decir: detengámonos! y bajar a apreciar lo que llamó tu atención... pero me estoy adelantando, eso es para la siguiente entrada, apenas estamos encendiendo los motores ;)

Caminamos un poco más por la ciudad, antes de planear la expedición necesitábamos visitar la nave nodriza, jajajaja






Fauna espacial: Gato antigravedad y ovejas cuernos invertidos -la rara es la que no los tiene, jajaja-

El clima, oh el clima, ya tendré tiempo de hablarles largo y tendido sobre eso, pero sólo quiero mencionar que antes de poder entrar a este recinto -adivinan dónde es?-, tuvimos que luchar contra el viento y el suelo congelado. Cada paso que dábamos, el viento que venía en contra, nos deslizaba de regreso al punto de partida. Fue una verdadera faena, pero muy divertido! jajaja


Exploramos el sobrio interior de la Hallgrímskirkja, templo luterano, y como uno es masoquista, subimos a su punto más alto. Había que hacer un reconocimiento de la ciudad con vista de águila. Yo lo hice más bien a media vista, porque el viento y la nieve me dejaron medio ciega de un ojo, pero ya saben, yo no me rajo ;)




Aquí la tienen, tan bella y tan extraña al mismo tiempo. Una nave espacial convertida en templo.





Había llegado el momento de regresar al cuartel -ok, tanto frío dejó daños irreparables en mi cerebro ;) -, teníamos una misión que preparar.

Los quiere su astronauta consentida,

Pris

Comentarios

  1. wow no solo puedo presumir que mi amiga a visitado otros países si no también otros planetas jajaja, ansiosa por leer mas de tus prisaventuras jajajaja

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    1. Nuestro país también podría considerarse un planeta en sí mismo, no crees? He estado ocupadina, pero ya vienen, ya vienen. Te quiero :)

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  2. Ninguna entrada me había hecho reír tanto como esta, me encanto! tqm chica espacial ;)

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  3. jajaja, me alegra que mi sufrimiento te haga reír, jajaja, broma, broma, estar ahí también fue divertidísimo, como estar a punto de caer de una montaña, ¿te acuerdas? :)

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