Pueblo chico, mentes grandes: visita express en Delft

Había que visitar Delft, una de las universidades donde estudia mi amigo se encuentra en esta pequeña ciudad cercana a la Haya, y sin embargo, lo que nos llevó ahí fue el motivo más trivial que tuvimos para conocer una ciudad en todo el viaje: yo necesitaba un corte de cabello.

¿Ridículo, no? tal vez, pero encontrar un salón puede ser una pesadilla si consideramos los absurdos precios altos y la necesidad de cita previa, y como en los Países Bajos es un poco más barato que en UK, había que aprovechar. Así que buscando en internet, encontramos un lugar no tan caro y en el que no había necesidad de agendar ubicado nada más y nada menos que en Delft. No lo dudamos, así mataríamos dos pájaros de un tiro, o el nido del pájaro -mi cabello enredado y maltratado por los inclementes vientos- y el pájaro -visitar la ciudad-.

Fuimos en un día lluvioso y frío, después de navidad, así que no había mucha gente en las calles. Como siempre, los detalles, a veces incomprensibles, que adornan este país nos sorprendieron:

Lamento no poder decirles que representa este vestido, la información estaba en holandés :S

Después de mi deseado y exitoso corte, en el que perdí muchos centímetros de mi larga cabellera, y mucha incomodidad. Caminamos un poco por el pequeño centro de la ciudad.

Antes de China, si había algo por lo que Delft era conocida en Europa, era por la calidad y la belleza de su porcelana blanca pintada de azul, de la que por alguna razón misteriosa no tomé fotografías, así que espero que en mi próxima visita el clima sea más favorable y podamos recorrer más a detalle la ciudad, y yo pueda fotografiar algo más que murales representando la porcelana.

Este es el palacio municipal -no sé si esa es la traducción correcta- que como buena parte de los edificios, han estado ahí desde la edad media.

Vista de la plaza central desde nuestro escondite para cubrirnos de la lluvia.


Hice una mala elección de calzado, elegí mis botas tipo "ugg" que son calientes, pero definitivamente no a prueba de agua, y la lluvia era fuerte, y mis pies se mojaban. Así que sugerí visitar la antigua Iglesia -hay dos: la nueva y la vieja-. Y esto es de lo que realmente se trata esta entrada, de las felices casualidades y serendipias. De los pequeños milagros que ocurren cuando tus motivos no son más que cortarte el cabello y cubrirte de la lluvia.

Entramos a la iglesia y no nos pareció especialmente espectacular -ya saben que opino que las iglesias protestantes le quitaron buena parte de su gracia a los templos cuando decidieron quitar las imágenes y cuadros y poner calaveras por aquí y por allá-. De todas formas, la recorrimos con interés.

Y más interés y más gusto, cuando mirando a las lápidas que forman parte del piso del templo nos encontramos con este maestro de la época de oro holandesa: Johannes Vermeer, el gran pintor oriundo nada más y nada menos que de Delft, cuya obra más famosa -quizás- es La joven con el arete de perla (que veré cara a cara en mi próxima visita a La Haya, donde se encuentra).

Si les interesa, les recomiendo ver la película La joven de la perla, basada en una novela que se escribió inspirada en el famoso cuadro de Vermeer (no se preocupen, no es aburrida ni rara, de hecho sale Scarlett Johanson, por si querían otra clase de motivación para verla).

La iglesia no es especialmente grande, así que no muy lejos de ahí mi corazón se detuvo en reverencia, si lo del Louvre había sido un sueño, esto fue como un mensaje celestial. Otro gran hombre había nacido y vivido en esta pequeña tierra. Un hombre que sin saberlo, abrió las puertas de mi pasión y mi futuro:

1632-1723

Sí, ahí estaba yo frente a no menos que EL PADRE DE LA MICROBIOLOGÍA. La razón por la que vivo en UK y por la que estudio un doctorado. La herramienta con la que quiero salvar al mundo -al menos contribuir con algo útil-. Pero ¿qué les digo? Ustedes LO SABEN. Yo AMO la Microbiología, así que no puedo no amar a este señor. Y no podía no emocionarme hasta las lágrimas -pequeñas y discretas, pero de genuina emoción-.

Don señor Leeuwenhoek no era un científico de profesión, era un comerciante, pero era curioso, y al final eso es lo que te convierte en científico. Trabajó los lentes con los que construyó el primer microscopio que realmente permitía ver microorganismos, y cuyo diseño -de lentes- no fue mejorado por casi 100 años. Sus observaciones fueron tan buenas, que The British Royal Society lo hizo miembro.

De haber podido, me hubiese traido una piedra!

Por si se preguntaban, Vermeer y van Leeuwenhoek fueron contemporáneos, y existe la creencia (aunque debatible), de que Antoni es el protagonista de los cuadros El astrónomo y El Geógrafo, de Vermeer.

Bueno, pues esta es mi mini entrada, cargada de significado, sobre Delft, la cuna de dos grandes genios.

Nosotros terminamos en un excelente cafecito, antes de salir de nuevo a la lluvia.

Los quiere,

Pris

PD La próxima vez que visite los Países Bajos prometo contarles más de la ciudad en sí :)







Comentarios

  1. la mayoría, si no es que todas las iglesias, tienen vitrales sorprendentes. que son simplemente maravillosos! me encantó todo eso hecho con marmol blanco, y las lindas y hermosas casas... nada que ver con aqui (bueno, a menos que veas la condesa la roma o ese tipo de cosas)
    en fin... simplemente maravilloso, quiero ver mas fotitos! jajajaja
    xcto, ¿como te cortaste el cabello?

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  2. jajaja cortarse el cabello implica tanto sufrimiento? . . . y pues imagino tu cara cuando viste a tu ídolo (bueno o algo asi), fco. debió tomarte una foto XP

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