La ciudad de las dos caras: el yang de Ámsterdam
En la filosofía oriental, el yinyang representa dos fuerzas, que son tan íntimas y tan cercanas que bien podrían ser una, pero con dos caras. Al ser representadas por el negro y el blanco uno siempre piensa que se trata de aspectos diametralmente opuestos, aunque generalemente ignoramos lo complementarios y necesarios que son el uno del otro, vaya, que no hay luz sin sombras, ni hombre sin mujer -a menos que Dios decida regresar al barro-.
Después de varias visitas, así veo a Ámsterdam, como el círculo completito del yinyang, aunque su fama se deba más al "yin", la parte oscura, de la noche, secreta y lunar, que nos habla de marihuana y prostitución
Pero no se emocionen, la entrada de hoy es sobre el lado "blanco", sobre el yang de Ámsterdam -que sí es emocionante, pero por diferentes razones-.
¿Listos?
Ahí estábamos, en otra capital del mundo. No era la primera vez de ninguno. Francisco la había visitado con algunos amigos, aunque sólo una vez, y yo, bueno, pues yo llegué al aeropuerto de Ámsterdam, eso no cuenta? jajaja
En nuestras visitas, el cielo de la ciudad decidió recibirnos con su traje de lana, cubierta de nubes.
Y después de caminar un poquito, la belleza de su arquitectura quizo impresionarnos.
También con sus más representativas tradiciones, con un toque de modernidad:
En lugar de un puesto de periódicos, uno se encuentra con uno de semillas, flores, bulbos y todo para el tulipán. Una bicicleta que me gustaría robar, pero sólo es un adorno. "Distrito rojo, radio" donde el audífono (D) hace una tentadora alusión. Los canales son tan típicos, que hasta las motocicletas quieren transitar en ellos. Tulipán moderno. Y la prueba irrefutable de que la virgen de Guadalupe gusta de hacer apariciones ;).
Un poco de cielo despejado y canales. ¿Sabían que el centro de Ámsterdam fue diseñado con canales concéntricos? ¿qué qué diablos quiero decir? Bueno, imagínense la tela de una araña, ahora en lugar de hilo blanco, piensen en canales, y voilá! ahí lo tienen, el diseño urbano de la ciudad.
Tras caminar sólo Dios sabe cómo, llegamos a la plaza de los museos (Museumplein), donde se encuentra el museo más importante de los Países Bajos, y dicen que del mundo, el Rijkmuseum, y otro que a mí me atraía más: El museo de van Gogh! -ya se imaginarán, que una entrada dedicada al genio sin oreja se avecina-.
Aunque como edificio, el Rijkmuseum es más bonito -y no lo he visitado... aún-.
Seguir un camino de casitas estrechas y coquetas, al lado de canales, siempre se disfruta
E inspira el romanticismo,
-o canibalismo, porque no estoy segura de qué es lo que Francisco quería hacer con mi chacetín, jajaja-
Más sol, luz, agua y bicicletas. Creo que dos caras son pocas para esta ciudad, quizás "camaleónica" sería un adjetivo más apropiado -pero menos dramático ;)-.
Admirando los canales
Y aprovechando los reflejos de luz en sus aguas.
No, no es un alucinación, había una cama en el canal. Esa era una de las instalaciones más impresionantes del festival navideño de luces -no coman ansias, ya lo verán en la obscuridad-.
Ya saben que para mí no hay una vista completa, sin el objeto de mi afecto.
Close up de la cama -¿imagian dormir en una cama tan hermosa, mecidos por el vaivén del agua?-. Probablemente nos daría una pulmonía, pero ya que estamos soñando, podemos imaginar que el clima es caluroso, que las estrellas iluminan el cielo, y que nuestra cama navega por la ciudad, llevándonos por paisajes de cuentos de hadas -como corresponde a un buen sueño ;)-
Siguiendo los canales de fantasía, llegamos -aunque desafortunadamente, no en nuestra cama navegadora-, a dos pequeños sitios particulares: El museo del tulipán y el museo del queso.
Que convenientemente se encuentran uno al lado del otro.
Primero lo primero, y lo primero siempre es la engordadera, jajaja.
El museo del queso es una pequeña maravilla. El hombre en la entrada se desvive en atenciones y está dispuesto a explicar el origen de cualquiera de sus productos, y mejor aún, a dejarte probar lo que quieras. Bajando las escaleras, uno encuentra una breve exposición sobre el proceso para hacer queso, y como se imaginarán, Francisco sintió el llamado del negocio familiar -su familia tiene una granja en Salvatierra, dónde producen leche y quesos... ¿a poco creían que lo había elegido al azar? yo no doy paso sin huarache, así me aseguro de una fuente constante de lácteos!, bueno, bueno, y también de amor ;), jajaja. Espero que no leas esto F, pero si lo haces: te quiero!-.
¿Cómo me va el rojo zanahoria? :P
Después de alimentarnos gratuitamente, podíamos buscar la belleza, así que entramos a la siguiente puerta. Y tras pagar nuestras entradas -con descuento para estudiantes- entramos al mundo de los tulipanes artificiales -uno no puede pedir mucho más en pleno invierno-.
Y fue así como descubrimos que la palabra "Tulipán" se deriva del turco "turbán", porque la flor se parece a los turbantes que usaban en Turkía, donde los gobernantes adoraban esta flor. También supimos cómo es que tras llegar a los Países Bajos, la gente se volvió loca de adoración por estas florecitas, y cómo ocurrió su primera gran crisis monetaria -nota mental, no poner todo tu dinero a la suerte de la efímera belleza, por tentador que parezca-.
Al salir de nuevo a la calle, seguimos sintiéndonos en un mundo de fantasía -¿será porque los cuentos están inspirados en historias Europeas, o las ciudades de verdad fueron construídas por hadas?-.
Las casas parecen empujarse unas a otras, tratando de mantenerse en pie -como en el metro a hora pico-. Aunque de esto sí tengo una explicación: cuando tomé mi tour personal con Paula (la recuerdan, de la entrada de la Haya?), me dijo que la gente construía así porque el precio de la tierra se basaba exactamente en eso, en metros cuadrados en el piso, entonces uno se compraba un metro -por poner un ejemplo- y en cuanto se despegaba del suelo, comenzaba a expandirse hacia los lados -brillante, ¿no lo creen?, por eso las casas se ven inclinadas.
Cuando uno camina sin saber bien qué es lo que busca, lo que pasa es que uno encuentra muchas cosas:
Como el famoso letreto "I amsterdam" frente a un barco, libre de multitudes y listo para posar (hay por lo menos dos, uno siempre está frente al Rijkmuseum, pero suele estar rodeado y abordado por muchas personas).
Y un museo sobre un canal, embebido en el puerto: El NEMO, museo de ciencia.
Que ofrece vistas espectaculares, para quien se aventure a subir sus muchos escalones.
Empezaba a anochecer, y la ciudad a transformarse...
Aún faltaba ver la otra cara de Ámsterdam.
Los quiero mis seres duales,
Pris



























Jajajaja la primera en leer y escribir jajajaja, pues creo que todas las ciudades tienen su dualidad, pero me encanta la manera que haces tus reflexiones, te quiero y te mando un abrazo, prontoooo ya será la reunión :D
ResponderBorrarno se si sacada de un cuento de hadas, pero bien podría ser de un sueño ;)
ResponderBorrarme encanta! jajaja sobre todo los edificios y las vistas de la ciudad en general, el viejo mundo es muy fotogenico ;)
Genial!!!! me encantan las imagenes que pones, es decir, es todo tan fotogénico! me encanta esa cama estilo bella durmiente (o más bien la de la princesa y el chícharo) aunque, no se... debería ver el uso que le dieron porque si no es solamente una escultura extraña en medio del agua (asi como el pato gigante en japón)... en fin, es tan genial todo!!!!
ResponderBorrarte kierooooo
Y el momento de construir el puente entre el nuevo y el viejo mundo se acerca.... ya quiero que sea la reunión!
ResponderBorrarme too!!!! hay que vernos prontito pa q nos cuentes mas de tu super amiga jajajajaja :P
Borraren serio, te extrañamos (o al menos yo si!)
pd: ve comprando tu concha y panquesitos por si nos da hambre jejejej