À bientôt, Paris!
En la primera de las entradas sobre Paris dije que hablaría sobre él, y el momento ha llegado. Sin importar lo intrincado, "complejo" y, frecuentemente, apestoso -urea concentrada en su máxima expresión, el de nuestro país se queda corto- que sea, el metro de Paris merece un reconocimiento especial por su participación en este viaje. Quizás sea porque en México es así, puedes confiar en que el metro te llevará a donde tengas que ir y en Paris, esa certeza se extiende hasta aproximadamente la una de la madrugada, cosa que no pasa en Newcastle, donde las únicas dos líneas de algo parecido al metro sólo dan servicio hasta las once de la noche y cada tren se toma sus buenos 15 minutos en pasar, (obviamente no vivo en una de las grandes ciudades).
El punto es que me di cuenta de lo útil que es este sistema de transporte, y de lo mucho que lo extraño -con todo y sus multitudes, ruidos, calor, y folklor-.
Así que empiezo con estas imágenes de un par de estaciones, y termino diciendo: ¡Alabado sea el metro! ;P
Sin embargo, lo anterior es más bien una nota al margen que no quería dejar pasar, porque sépanlo, esta es la última entrada sobre unos días del invierno de 2013, en donde dos enamorados descubrieron Paris.
Y ¿qué más apropiado que terminar con la palabra mágica, dicha por diferentes voces?
Nuestro último día lo pasamos en el barrio de Montmartre -el monte de los mártires-, donde se encuentra otra belleza de la arquitectura parisina: Le Sacre Coeur, un templo consagrado al Sagrado Corazón de Jesús.
La blanca belleza del templo se yergue en la cima de una lomita, y domina el paisaje.
Fuimos en domingo, y llegamos cuando una misa estaba por finalizar.
El techo antes de entrar.
La única imagen que tomé de su interior, antes de saber que las fotografías no estaban permitidas. ¿Pude haber tomado más fotos? ¡Por supuesto!, hubieron muchas oportunidades, sin embargo creo que esas pequeñas acciones hacen la diferencia entre las personas que viajan, el respeto a las normas del lugar.
Aunque el templo es extraodinario, otro motivo aún más fuerte me hace recordarlo con sobrecogimiento: la tradición familiar. Mi familia entenderá inmediatamente, pero para los que no, les platico: Mis abuelitos, específicamente "El General", mi abuelito, es muy devoto de la advocación del Sagrado Corazón de Jesús, él y mi abue van a misa cada viernes primero de mes -día dedicado al Sagrado Corazón-, tienen un cuadro de él en una de las habitaciones -que hasta la fecha me asusta-, me regalaron una medallita con su imagen, y transmitieron ese fervor a mi mamá. Siendo la mezcla de religión, paganismo y supersticiones que soy yo, ya no sigo el catolicismo, pero siento un afecto inefable por el Sagrado Corazón, que de alguna forma me reconforta con su imagen y es en Él en quien pienso cuando platico con Dios. A pesar de repudiar, desconfiar, y renegar de casi todo mi lado católico, aún siento autenticidad al hablar con Él, tanto así, que decidí arrodillarme ante su imagen, y rezar, como hace muchísimo tiempo no hacía, pedirle por mi familia -amor y amigos incluidos-, por el mundo y por mí, y con lágrimas que llegaron de no sé donde, repetir confiada la frase de siempre, que esta vez me sonó renovada: "Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío".
Mirándolo ahora, hace sentido ¿acaso podría haber una advocación más apropiada para Paris, que la que nos recuerda lo mejor de una religión con tantas fallas, la que nos habla de la gran lección de Jesús: El amor?
Pero parece que Paris debe desbordar, una imagen, un sentimiento, una alegria, nunca son suficientes. La ciudad siempre tiene un haz bajo la manga para sorprenderte aún cuando ya estás sorprendido.
Esta es la vista desde la cima donde se levanta el templo. ¿No es alucinante?
Y bueno, nuestro paso debía quedar documentado para la posteridad :)
Hasta la vista, belleza!
Ya les hablé del metro y de un templo magnífico, dos cosas que se pueden encontrar en México sin mucha dificultad, y para seguir con las similitudes, déjenme platicarles del barrio de Montmartre, o debería decir La Merced, Tepito, La lagunilla -ustedes elijan-. No es una zona dedicada al comercio de la piratería, al menos no exclusivamente, pero si sentimos peligro durante nuestra estancia, fue en ese recorrido durante la mañana.
Bajando del templo, las calles están llenas de tienditas de recuerdos, de vendedores ambulantes y de estafadores tratando de sacar provecho de los turistas. Nuestro encuentro de ese día fue con unos jóvenes negros -no se trata de ninguna forma de racismo, lo menciono porque al parecer ese es su negocio-, que querían venderle a Francisco una pulsera para mí, nos negamos, insistieron, nos volvimos a negar, volvieron a insistir, tocaron a Francisco -no se imaginan lo insistentes que son!- y tuve que entrar en acción, lo empujé. ¿Estoy loca? quizás, pero me alteró que a pesar de nuestras negativas se atreviera a retener a Francisco -queriendo ponerle la bendita pulsera en la muñeca-. Fin del acoso.
Dos pasos después, la escena se repite con otra pareja. Lo chistoso: La chica empujó al vendedor y liberó a su novio.
Aún asombrados, presenciamos un incidente más: un hombre de apariencia árabe queriendo golpear a un turista asiático -del tipo chino-, gritándole que le diera su dinero. El árabe hacía el truco de dónde quedó la bolita, y al parecer el chino había perdido, y ahora el otro, más vivo, le exigía, -no exagero- casi a golpes que le pagara. La novia del chino empezó a gritarle que estaba loco, y como pudo, sacó a su novio del lugar.
Conclusión: Los estafadores de la zona se dirigen a los hombres, tal vez para comprometerlos delante de sus novias, lo que no saben es que se enfrentan con una nueva generación de mujeres histéricas y enardecidas que no se impresionan tan fácilmente y que saben cómo defender a sus príncipes ;) jajajaja.
Ah, pero Montmartre tiene mucho más por ofrecer:
Mucho, muchísimo más: Sexo en toda su gloriosa depravación! jajaja
¿Por qué seguíamos ahí? Si tan terrible era el asunto, ¿qué nos impulsaba a seguir por esas calles? Tengo que reconocer, que fui yo quien quizo estar ahí, y quien estaba determinada a seguir caminando y encontrar a pedacitos, más escenas de una de mis películas favoritas, estaba tras el rastro de la señorita Amélie Poulain.
Y la encontramos, como siempre, en el Cafe les deux moulines -ignoren mi cara deformada ;)-
Les confesaré algo, pedimos mesa, vimos el menú que era más o menos caro y no precisamente de nuestro antojo, Francisco me tomó la foto, y nos salimos de el lugar.
Al terminar la calle encontramos una crepería, y entonces sí que comimos ambos, por lo que uno se hubiera tomado algo en el café de Amélie :)
A unos pasos de ahí, un último estandarte de la zona: Le Moulin Rouge:
- que es mucho más impresionante en la película-
¡Extra, extra! ¿qué tenemos aquí? ¿Alguien que finge demencia y pretende pasar desapercibido?
¿o a alguien que lleva una doble vida?
-Voulez-vous coucher avec moi?, jajajaja, no creo que con esa pose me contraten-.
Una última parada nos llamaba lejos de Montmartre. El Museo de Orsay, a orillas del Sena, nos mostró las marivillas impresionistas y post-impresionistas, de grandes como mi novio Monet, y van Gogh, y con su arte que no se fotografía, nos despidió de la ciudad de las artes.
En Paris dejamos pedacitos de nuestros corazones, pero nos trajimos tantas sonrisas, recuerdos, conocimiento, experiencias, maravillas, que sentimos que estamos en deuda.
En Paris se quedó algo de nosotros, pero de Paris nos trajimos más.
¡Hasta pronto!, ¡Hasta siempre!
-Siempre nos quedará Paris ;)-
Los quiere,
Pris
Tan tán.





















WOW!!!! en verdad que paris sigue y seguirá siendo un punto importante a visitar!!!
ResponderBorrarla iglesia/catedral del sagrado corazon está maravillosa, la arquitectura es fantástica, y lo que dices es cierto, tal vez en mi caso no creo tal cual pero, siempre es bueno pedirle a alguien una ayuda para hacer lo mejor posible de nuestra vida.
En cuanto a tepito de allá.... ¡que miedo!!! yo hubiera salido corriendo (tanto por la gente como por los precios!!)
tu crepa se ve rica, se me antojó una....
¿que mas? el metro, cuanto cuesta eso? segun leí esta en 13 euros el pase de 10 boletos, ¿cierto? (es caro!) y se ve genial, notese como realmente Porfirio Diaz inspiró mucho de la arquitectura en los años 10-20's.
Moulan rouge!!! quiero verlo!!!!!
en fin, genial todo sis, te extraño!!!!
te kieroooo!
jajajaja en particular lo único que no me gusto del metro cuando fui fueee el olor jajajajajaja, y no de la gente si no q si huele a caño, perooo de todo lo demás si ayuda un buen, te quiero sis, y que bueno que se dieron el gusto de visitar tan hermosa ciudad, me encantan tus fotitos son geniales, te mando un abrazoteeee
ResponderBorrarjajaja suena como que moriré en el metro de Paris si no voy con gripa o algo parecido, pero supongo que ya veremos como solucionarlo en su momento jajaja
ResponderBorrarEn cuanto a los templos yo desde mi muy particular punto de vista de la religión puedo decir que no necesitas ser religioso para ser espiritual, osea que si en ese momento sentiste "esa conexión" especial y te nació hacerlo y te conmoviste por todo lo que represento para ti, ese instante vale más que si rezaras todas las noches una oración dicha sin fé.
jajaja y déjame decirte que en tepito, la lagunilla y anexas nunca he visto a nadie queriéndole vender algo a alguien a fuerza, eso más bien en "la villa" jajaja, y lo de la bolita solo lo he visto en el centro XD como sea que bueno que las chicas valientes salgan al rescate de los "damiselos" en apuros ;P
Paris suena como un lugar realmente interesante, puedes morir de emoción o del susto, (o por intoxicación en el metro) pero parece que nunca de aburrimiento, lo espero con ansias.
Te quiero mucho en la distancia y te mando un abrazo de oso polar ;)
Después de tantas entradas, me doy cuenta de que lo que hice fue bien poquito -pero valioso, valioso-. Ahora muero de curiosidad por descubrir la ciudad con ustedes, estoy segura que va a dar para mil historias más!
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